La melancolía del “Camì dels Monjos” y la Mola

La curiosa formación rocosa lleva consigo una leyenda de los monjes de Sant Cugat del Valles

La melancolía del "Camì dels Monjos" y la Mola

El 25 de mayo de 2020, Barcelona finalmente pasará a la tan esperada Fase 1. Sin embargo, estamos en estado de alerta por la pandemia de Covid-19. Un evento histórico que ha cambiado y cambiará la forma en que vivimos y socializamos. Esperando los próximos pasos necesarios para volver a la normalidad, si podemos decirlo, resurgen las imágenes y sensaciones pasadas de mis excursiones.

Esta es una de esas.

La ciudad de Terrassa

Más allá del macizo de Collserola se extiende una vasta llanura el Vallès Occidental que alberga dos ciudades importantes: Sabbadell y Terrassa .

Este último se origina en Edgara, fundada durante la época romana, más tarde llamada Terracium castellum a partir de 844. Hoy es un importante centro de transporte con carreteras y ferrocarriles. Eventos folclóricos como la Fiesta Major, la Feira Modernista, el Jazz Terrassa, los castellers y su danza típica la estapera hacen que sea una ciudad activa e importante no solo desde un punto de vista económico. Desafortunadamente, también es testigo del mayor desastre hidrológico de España: La riada del Vallès que tuvo lugar en 1962. Desde aquí, el Montserrat y otro macizo llamado la Mola son claramente visibles.

La melancolía del "Camì dels Monjos" y la Mola

La Mola

Para ser precisos, La Mola es el pico más alto, 1104 m.s.l., del macizo que se encuentra mirando hacia el norte desde Terrassa, llamado Sant Llorenç del Munt. Las capas de roca, de diferente dureza, sometidas a la erosión incesante del viento le confieren un aspecto poderoso y solitario. La Mola siempre atrae a muchas personas que aman el senderismo y no, ya que en su cima hay un monasterio románico convertido ahora en restaurante.

La melancolía del "Camì dels Monjos" y la Mola

Trekking!

El tren, procedente de Barcelona, ​​me deja en la estación de Terrassa en aproximadamente una hora. El camino para comenzar el ascenso es fácil y claramente visible. Tan pronto como abandonas el centro de la ciudad, la naturaleza silenciosa retoma su protagonismo. El ruido de los coches se hacen lejos y solo queda el de mis pasos sobre arcilla y el canto de los pájaros. El aire de la tarde y el otoño cambian el verde de las plantas mientras el sol termina su arco diario en el cielo.

 

Diversas indicaciones me llevan a un camino llamado “Camì dels Monjos” (El camino de los monjes) que parece conducir directamente a la cumbre. Durante el ascenso, con un paso lento y constante, la abadía aparece y desaparece a mi vista oculta por la vegetación. La subida se hace más empinada y llevar equipo fotográfico agrega esfuerzo y sudor al viaje. Mi objetivo es llegar a la Mola a pesar que el sol implacable se está poniendo. Los colores y el silencio dejan espacio para una extraña sensación de melancolía, sobre todo cada vez que me giro para observar el panorama de abajo, ampliandose cada vez más.

Un paisaje melancólico

Acelero el ritmo, aun que estoy cansado, con la esperanza de alcanzar la meta, pero el sol alcanza primero el horizonte y decido parar. Dejo mi mochila y me quedo a contemplar la vista. A lo lejos, Montserrat vigila el vasto territorio.

La melancolía del "Camì dels Monjos" y la Mola

Tomo algunas fotos con relativa calma antes de que oscurezca. Espero un poco más, meditando sobre la impresionante vista, antes de poner mi mochila en mi hombro y volver sobre mis pasos. El deseo de tomar el primer tren que me lleve de regreso a la ciudad, al caos, al hacinamiento de Barcelona se está fortaleciendo. ¿Por qué? ¿Qué esconde este hermoso y solitario lugar?

Una leyenda curiosa

“El camì dels monjos” se refiere a una historia antigua. Los monjes hicieron una petición singular a sus superiores que vivían en la cima de la Mola, el permiso para avanzar río abajo.

La solicitud fue aceptada por el propio obispo de Barcelona con una condición. Los benedictinos podrían haber elegido cualquier lugar cercano a ellos siempre que nunca cruzaran ningún río. Así fue que los religiosos que descendían del macizo llegaron a San Cugat del Vallès, donde finalmente se establecieron.

La razón que los empujó a abandonar ese territorio panorámico fue la necesidad de una tierra más fértil y, en segundo lugar, la soledad y la melancolía a la que los frailes ya no podían aguantar.

Obviamente es solo una leyenda que no coincide con los datos de los documentos históricos. De hecho, el “Camì dels Monjos” no cruza ningún río, fue utilizado a menudo por viajeros y pastores para descender de los Pirineos, curiosamente la abadía sufrió un período de crisis en el siglo XII y el último ermitaño lo habitó hasta 1608.

Un camino lleno de historias

El “Camì dels monjos”, que conecta Sant Cugat del Vallès a la Mola, lleva muchss historias. Atravesados ​​por pastores, caminantes, ejércitos y obviamente monjes, cada uno de ellos ha dejado una huella personal en este camino durante todo este tiempo. Se usa para alcanzar la cumbre o escapar de la severa soledad de las montañas en busca de un ambiente más suave.

Será la temporada de otoño, pero mi impresión personal de Sant Llorenç del Munt parece ser la de un último puesto solitario con vistas al valle más exuberante y familiar abajo.

Si quieres leer una historia más sobre la iglesia, dejo el enlace de una memoria descriptiva, por Don Elias Rogent, del ascenso a la montaña realizado por la asociación de arquitectos de Barcelona. Un libro digitalizado por la Universitat Autònoma de Barcelona.

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Marco Pachiega